jueves, 12 de mayo de 2016

ANNA GABRIEL...Y LA MADRE QUE LO PARIÓ

Hay gente que va y te dice que ha descubierto la rueda, o la circunnavegación de África. Lo que más me jode no es que se atribuyan ese descubrimiento o el de la combustión o el de la teoría de la nebulosa de Kant, que tanto monta para lo que mi cabreo expresa -y de paso que le den a los derechos de autores de derechas y de izquierdas. Lo que más me jode, es que me cuenten cuentos de hadas marxistas, y lo que es peor que me los expliquen a lo José Luis Coll sin la gracia de la 'col' de Tip y Coll.
Por un decir algo, que me expliquen ahora que peino canas en la barba, cómo es que el capitalista que anticipa un capital en un negocio industrial o artesano recupera al final, no solamente el capital invertido, sino, además, un beneficio; después de haber padecido de 'Contribución al problema de la vivienda' en pleno estiramiento de huesos adolescentes, me tocaría mucho los cojones, que a uno con la edad se le han caido ya casi todas las caducas hojas de la paciencia.
Ahora Anna Gabriel va y dice descubrir que la familia no es el hábitat natural idóneo para criar a los hijos. En el Manifiesto Comunista los hijos de los burgueses no eran nada más que meros artículos de comercio. Gracias a esta izquierdista invocación pública de Anna Gabriel, los hijos, sean de tribus o de burgueses , sirven para la venta de prensa física y virtual, sean periódicos, ondas hertzianas o apariciones marianas en plasmas de modestas pulgadas; y para la facturación de publicidades... ¡Y que vivan los euros manque otros pierdan!. 

El proyectil de semen certero y fecundo era propiedad privada de una institución tradicional, llamada padre, que parece ser la que Anna Gabriel apunta con dedo acusador.

Fue Engels quien señaló por primera vez que la dependencia de los hijos respecto de los padres, era una de las bases del matrimonio burgués y que estaba ligada a la propiedad privada. Pero Anna nos lo vende a su manera, sin acertar a hilvanarlo a 'Los Principios del Comunismo' del mencionado autor, Federico, el alemán que siempre nos presentaron como una lapa pegada a una roca -cristiana- apellidada Marx.
Ese criar a los hijos con otras personas es tan original para la Gabriel y para los medios de comunicación que difunden su palabra y obra, que en 1861 Johann Jakob Bachofen, en su obra "Derecho Materno" ya apuntaba maneras al meterse de lleno en el estudio de la historia de la familia. Se jodió la originalidad. Bachofen había observado que los seres humanos,(el 'como en otras culturas' de Anna Gabriel le viene aquí prendido en la solapa que ni piripintado), vivían en promiscuidad sexual, lo que traía como consecuencia la imposibilidad de establecer la línea paterna, por lo que quien pasaba a cortar el bacalao en términos de filiación era la madre, la mujer. Las mujeres, como poseedoras de los derechos de autor de la descendencia, llegaron a tener tal respeto, que en algunos casos se llegó a dar un dominio femenino absoluto, lo que Bachofen denominó como 'ginecocracia'.

Anna Gabriel explica su innovadora tesis al resto de necios e ignorantes seres aburguesados, por la cual en 'esas otras culturas' el concepto de maternidad y de paternidad "no están individualizados" como en los países desarrollados... ¡Bravo, bravo!... ¡Qué originalidad, qué vanguardista!
Pues J.F. McLennan se chinga en su innovación, y nada menos que en sus "Estudios de Historia Antigua, 1886; matrimonio primitivo", concretamente -nos apunta Engels-, en la página 124, donde se lee lo siguiente:
"Desde el momento en que la exogamia y la poliandria proceden de una sola causa, del desequilibrio numérico entre los sexos, debemos considerar que entre todas las razas exogámicas ha existido primitivamente la poliandria... Y por esto debemos tener por indiscutible que entre las razas exogámicas el primer sistema de parentesco es aquel que sólo reconocía el vínculo de la sangre por el lado materno".

A mí también me cautivó por lo liviano de su lectura, "El origen de la Familia, la Propiedad y el Estado"...eso de las tribus de iroqueses y su sistema de parentesco, y las familias sindiásmicas... pero nunca se me ocurrió predicar como un cura sus excelencias evangélicas, cocinadas con mi lenguaje, y presentadas a los rebaños de burgueses como idea propia, de mi invención, puño y letra y profunda reflexión... Para predicar de esa manera hay que haberse nutrido muy a fondo de la leche que manaba de las tetas del cristianismo y tener un flequillo de monja... Y de esos pezones mis labios nunca chuparon, ni gozaron con su chupeteo...y menos ahora que estoy calvo.

Esto que he parido aquí, puede decirse que ha sido fruto de las corridas de varios autores, identificados con nombre y apellidos... el parto, por otra parte, no ha sido doloroso, me ha resultado gozoso y de tanto gozo, jocoso y vaporoso.. esto último, he de reconocerlo muy a mi flotar, producto de la mezcla de opiáceos con alcohol.
Saludos Anna Gabriel, desde el lado menos revolucionario de la calle.