miércoles, 27 de julio de 2016

UNA BORRACHERA DE 26 LITROS DE JB HAN SIDO LAS ELECCIONES DEL 26 J

El Estado,  en lamentable estado etílico, a medio año finiquitado, apenas ha dejado huella de gobernación, ni siquiera desvirgado lo han,  porque fiel a los manuales de beatonas, no ha sido invitado al altar del matrimonio para ser desflorado. Aunque parece oirse como el soniquete de un colchón de muelles en pleno trajín:
“mil, dos mil, tres mil, quatremil….dotze mil; dos milions de peles”.

La derecha ha resistido al desgaste con piedra pómez de la izquierdísima trinidad venida a menos, a menos de tres. Y le echan los perdedores, trinando,  las culpas del gatillazo a la intransigencia y a la incontinencia personalista, a la falta de acto del pacto. Pretendían disipar las líneas rojas y los vetos a soplidos y han acabado silbando ‘El puente sobre el río Kwai’.

La cultura del pacto padece de orejas de burro, de déficit, pero no  como el  déficit de secreción de hormonas de la corteza suprarrenal que en la juventud dota a la mujer de agilidad, nerviosismo y delicadeza, no. El déficit que nos ocupa tiene como efectos secundarios torpeza, languidez, pachorra y zafiedad… el paciente es el partido que ni gobierna ni deja que gobiernen los que no aceptan vivir bajo la sombra de la gaviota; también lo padece una oposición, que por la izquierda aún no se ha recuperado de su mitosis estructural: escisiones, primarias, amancebamientos improvisados… Todas estas carencias han alimentado meses de gobierno en funciones, con dos cojones: los del estado de derecho algo torcido por torticeros lastres cargados a un hombro… Qué sonrisa forzada dibuja la boca al recordar aquello de ‘arrimar el hombro’.

El acontecimiento político más prometedoramente trascendental, y después de metido, nada de lo prometido, sino una mortal decepción por verse el sueño irrealizado y la desesperanza abonada y revitalizada ante otro futuro de incertidumbre y sobras frías para engañar al hambre,  han sido las segundas elecciones del ‘veintiséis jota’, que han servido para lo mismo que las primeras: para que la incapacidad de dar respuesta al nuevo mapa del tesoro político donde las mayorías y las alternancias ya son historia, vuelva a hacerse un hueco, otra vez, en el día a día de la crónica política. Pero donde la preocupación y el abatimiento social siguen escalando nuevas cimas, mientras los ciclistas de la política pedalean para ver quién cruza primero la meta de la Moncloa, el paraíso del trapicheo, del menudeo y del mamoneo presupuestario. Y los empresarios siguen contando billetes distraidamente y en voz alta para no equivocarse, todo sea por el rigor económico y la austeridad.

El veintiseis-jota tiene la culpa de todo, esas elecciones que ni han recolectado razón ni justicia, porque el precio no ha sido en valor igual a la cosa que nos han vendido y los sufragadores han preferido quedarse en casa en una cantidad mayor que en las erecciones invernales.
  “Mil, dos mil, tres mil, quatremil….”
Ahora todos tienen prisa, pese a la victoria, porque ya tenemos bien sabida la letanía de que todos ganan aunque sea rebuscando victorias entre las ingles de los arcanos. Hay prisa por el miedo a que una tercera convocatoria le siegue el cuello al que tan azarosamente lo ha salvado en la segunda. Y otros no disimulan impaciencia por sentar sus posaderas en los sillones del privilegio por antonomasia…el guión ni siquiera ha sido retocado desde diciembre, sin adaptaciones, clavadito tú.

La apremiante necesidad que exige el país de ser gobernado no hace ascos a los apoyos ni a los criterios que se les presenten, ni a que los partidos cambien o maticen sus posicionamientos. 130 millones son 130 millones, aunque no sean de comisiones ilegales de proveedores distribuidas entre los miembros más selectos, responsables y honrados del partido que gobierna en funciones y hasta del que funciona sin gobierno; millones de nuevas indefiniciones, incertidumbres y elementos de confrontación que empujan a la turba para incinerar a más de un político en la pira en cuanto se descuide. Y los proyectos de ley y presupuestos generales del Estado sin estrenar.
Los partidos políticos más destacados en las elecciones nos ofrecen, con pocas diferencias aritméticas, análoga situación a la que ofrecían en la anterior convocatoria: tiras, apropiaciones indebidas, aflojas, fraudes fiscales, afloja tú si eso…, falsedades documentales, reuniones, declaraciones, ‘Marisas Gallero’ tirando de la lengua a tesoreros, maquillajes financieros y contactos… entre adultos (Soy muy abierto políticamente y dispuesto a todo.Dante y tomante. Ni cobro ni pago. Puro vicio).

Todo se parece un poco a lo de ayer: las rondas de vinos, las rondas de contactos, ‘aspiraciones a’ y suspiros de España. Pese a la concentración y conjunción planetaria de siglas, personalidades, personajes y agrupaciones de grupos antes emancipados, hoy amancebados y haciendo corazoncitos, la sombra de la convocatoria invernal sigue siendo alargada…Hay partidos separados los unos de los otros más por cuestión de marcas y márketing que de principios o coincidencias ideológicas: varios partidos por la derecha y otros tantos por la derecha que se hablan lo justo.
Pese a los buenos augurios que se le videnciaban a algunas concentraciones, los resultados sólo han revelado su fracaso. Los pagos en B de donaciones ilícitas han sido vitoreados por un electorado de película de Berlanga, lo que evidencia que las coaliciones sólo se avienen bien si son para el robo, el hurto y el descuideo. El comunismo socialdemocratizado ha coseguido reclutar titulares y trending topic más por efecto de la publicidad televisiva y el sermón evangelista extendidos por artifical, medido y deliberada estrategia, que por las virtudes de su doctrina, aún por evaluar.
La imperiosa necesidad de alcanzar acuerdos que permitan la gobernabilidad del país y eviten una tercera convocatoria electoral puede terminar en un nuevo remake de ‘desvestidura’ que deje a las mentes preclaras de este país con las vergüenzas al aire, colgando, como espadas de Damocles de variopinto centimetraje.

Un partido de los nuevos, anaranjado como una bombona de butano de las de antes, de las del monopolio, ahora una de las empresas con puertas giratorias, persiste en la idea de agrupar en torno suyo, (complejo de gallina con polluelos psicológicos) a aquellos elementos constitucionalistas, ‘pesoistas’ y ‘pepeistas’, ansiosos de reformas, con la pretensión de garantizar el triunfo de las medidas de modernización y justicia social compatibles con la unidad de España, la responsable civil subsidiaria del fraude de sus gobernantes, pero que está de vacaciones, aireando lorzas y aliviando resacas de sangría calenturienta… guiñol y esperpento.
Casi antes de ayer, en el siglo XX preconstitucional, la bandera enarbolada era la del ‘orden’ y la de la ‘unidad de destino en lo uiniversal’; hoy están de moda más los banderines que los banderones, pero con el mismo regusto rancio en los lemas cañís.
Todos, los castosos y los casposos, son herederos del Sr. Maura, herederos de sus palabras:  ‘la revolcuión de arriba a abajo’, pues todo lo revolucionario, lo reformista y lo regenerador se va a hacer desde las ‘montañas nevadas’ sin rasguños ni contusiones; mientras los rostros exangües de a pie y paso de cebra, que han dado plenos poderes con su voto de representación, pinche y corte tetranual, deben limitarse a ver, oir y asentir a todo aquello que les predican desde los púlpitos de las empresas de comunicación… y rendir genuflexión a las redes corruptas de cobro y reparto de comisiones ilegales, si se tercia. ¿Y los referéndum? El referéndum es una revolución desde abajo, está estigmatizado, es ETA, así que no lo mente.


Pendiente o no de Gobierno, o de nuevas elecciones, si le esperan a España nuevas decepciones, traiciones y usurpaciones marcadas de nuevo por un reparto desequilibrado de los sacrificios por el ‘bien común’ (toma patada en la boca), o le esperan alegrías, dichas y serenidades que dieran lugar a una persecución sin cuartel  de la corrupción, de los déspotas incorregibles y el fraude, eso sólo el tiempo lo ha de decir cuando le venga en gana, bien en una rueda de prensa o desde un plasma… un plasma como esos que permiten acceder al conocimiento de la información que a mí me parece, la cultura que a mí me gusta y sólo lo guapo de la actividad administrativa más próxima a la gaviota viuda; sí, sí, un plasma preparado para sintonizar proyectos televisivos-paelleros como los del popular Alfonso Rus, el contador de estampitas del Monopoly.
Tras el voto del pueblo al partido de la corrupción uno se para a pensar, mientras fuma, el que fuma, mientras se deleita en el olor de la hierba cortada, el que vive en el campo, mientras pasea por la sombra el urbanita, hasta mientras defeca con el bote de champú en la mano y la mirada perdida en el infinito del azulejo que un día dejó de ser blanco, el que goza de regularaidad ventral: demasiados meses de consignas, de tomas de declaraciones, demasiados visionarios entre charlatanes y libertades bajo fianza, demasiadas intolerancias, imputaciones, radicalismo, falsas solvencias, desviaciones de dinero público, inmundicias, hombres de paja,  declaraciones estereotipadas hasta aburrir a los cantos rodados, riadas de aguas políticamente sucias y escasa convicción en los argumentos diferenciadores entre fuerzas políticas supuestamente afines.

Para los partidos y para los medios de opinión informativa, es costumbre considerar al electorado como el rey absoluto de la fiesta de la democracia, a quien es necesario hacerle ver que se le sirve con mucha adulación y muchos dientes blanqueados…también hay tradición en darle la razón en casi todo y nunca discutir sus fallos: la contraria se la deben llevar los intérpretes de esta función teatral, de acuerdo a lo escrito en la obra por los autores y a las anotaciones del apuntador de turno… Desde las tablas dicen los actores suspirar hondamente porque florezca la flexibilidad, generosidad y propensión al entendimiento que abría sus pétalos en los años 70… ni se mentan desde ese ‘tablao’ las asociaciones ilícitas, cohechos, falsedades documentales, prevaricaciones y malversaciones. Guillermo Cabrera Infante en sus divagaciones sobre La Habana, echando humo habano por las narices, afirmaba por intermediación de su mano libre, que la adulación llevaba al adulterio, y debe ser cierto, porque esta pesadez de cabeza que soportamos no creo que sea por un brote de inteligencia sobrevenida.
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Tras el resultado de estas elecciones, acaso más que nadie, sea él, el electorado formado por millones de familias españolas en paro y a las puertas de la pobreza, un fenómeno acultural digno de estudio y en gran parte digno, al alimón, de censura en tanto que colaborador de los errores, tergiversaciones, faltas y delitos de sus representantes, al otorgarles la confianza para seguir gobernando con el cadáver de la corrupción aún caliente. Los políticos son lo que son, meapilas con ansia viva por controlar instituciones para su medre, porque su privilegiado contrato es renovado por los electores para que sigan blandiendo su arma de jodienda: el BOE.
No falta quien sostenga que, pues el electorado es el que vota, es dueño de imponer su caprichosa predilección por lo irracional de las tramas de sobornos, malversaciones y blanqueo a las minorías… Quien suscribe prefiere que el sostén sostenga dos tetas como el gusto y el sentimiento ético de la vergüenza, que son susceptibles de educación, y que, bien masticadas e instruidas al electorado que hoy divierte su orgullo y su brío revalidando a una trouppe de ridículos y una mojiganga de extravagantes políticos arrimados a la corrupción, pueden mañana deleitarle con un buen sermón, una intachable filípica y una reprimenda electoral dirigida a los hoy absurdos, obscenos, inmorales y dañinos.
Falta esa persona que desde la autoridad y prestigio avalado por una obra contrastada y depurada por todo el mundo , es decir, despojada de toda fama añadida y autoridad jerárquica, emprenda la crítica con todos los signos de puntuación sobre las decisiones erradas del electorado. La finalidad de esta crítica debería ser la de hacer grande beneficio a la Política con Pe mayúscula , arrebatada a fecha de hoy por la demagogia, el populismo y los medios de opinión informativa/deformativa de la Pe popular que adjudica obras y actos públicos a los camaradas…
Debería ser también esta crítica destinada a crear un basamento de inspiración armónica, tarareable, que influyera en el razonamiento y no en la víscera: la aprobación y el rechazo de una fuerza política, hoy en día y vistos los resultados, no es más que la suma de corta-pegas de la opinión de ciertos tertulianos, que fallan por imprecisión, que rezuman prejuicios y holgazanería, ajenos al ejercicio del empirismo, que son contrarios al sentido común y funestos en su resultados para con los sentimientos ajenos. Mientras tanto, el exagerado peloteo, cepillo y adulación, desde la propaganda política, tapona los oidos de los representados.

La sentencia de las urnas, ese jurado de metacrilato, mediante la cual se aprueba o rechaza una opción política, no es más que la suma de opiniones individuales; individualidades influidas por prejuicios propios o impuestos y prosaicas preocupaciones ajenas a la política, al gobierno de lo común, ajenas a la justicia social, la igualdad y la aplicación de un reparto equilibrado de sacrificios
Por eso el respeto exagerado al público es una adulación comparable a la que los palmeros hacen al gobernante inepto, con la sola finalidad de mantenerse en ese círculo de privilegio y poder. “Cobre y cobre impuestos, gaste y gaste, elija y elija, porque la gente es demasiado idiota como para entender la diferencia”, era el consejo que daba Harry Hopkins al presidente Franklin D. Roosevelt

La prueba de que el electorado español necesita quien le dirija sin que se le trate como un rebaño, y quien le guíe por el intrincado laberinto que forman las distintas manifestaciones políticas, viejas y nuevas, anticuadas y novísimas, está en que todavía no se ha establecido ni siquiera una difusa línea divisoria que separe la verdadera política, reflejo normativo de la vida, y el mero arte populista de interesar o entretener al elector en tanto que televidente de programas de vísceras televisivas; cosas harto diferentes una vez que se las compara, pues para la primera hacen falta programas y medidas con escenarios reales, y para lo segundo bastan parlanchines de lengua hábil y rumbosos empresarios de tertulias desinformativas con parentesco cercano a la tele-casquería.


Queda por ver en la escena política que entre con fuerza y a lo punky el triunfo de la verdad, que las necesidades reales de la sociedad, el empobrecimiento de las clases medias y la ruina de la población más humilde, destronen de su inmerecido micrófono al discurso político cocinado a base de aventureros sondeos y mera imaginación propagandística, a lo Donald Trump, hecho por y para la televidencia pasiva y lisérgica. Queda mucho por ver, y cada vez perdemos más dioptrías.
Pero el electorado no acaba de distinguir lo político de lo artificioso y mercadotécnico: nadie ha querido graduarle la vista y corregir esa aberración. La frase, con su sujeto, su predicado y todos sus atributos, del crítico de televisión Javier Pérez de Albéniz dirigida a la televisión española y publicada en The Guardian, resulta esclarecedora para explicar la idiocia y la tele-invidencia que deliberadamente se ha sembrado entre los españoles: “En España los niveles de lectura son muy bajos, el fracaso escolar es muy alto y el desprecio público por la cultura, colosal”. ¡Que llamen a la The Guardian Civil!.

Opciones políticas que fueron delicia de nuestros mayores como el “Votar centro es votar Suárez” , que parecían candorosas como ese “La libertad está en tu mano”, bajo las mismas siglas se nos antojan pálidas agora, quién lo iba a decir del ‘Queremos democracia para todos los españoles’, pese al maquillaje y la cirujía estética. La generosa majestad de las ubres de Javier Pérez de Albéniz nos porporciona más alimento intelectivo extrapolable a la explicación de ciertos resultados electorales: se trata de una “absoluta falta de respeto por el buen gusto o la decencia” firmada por todos los jefes de campaña.
Los mítines de los 80 no conmueven a los mismos que entonces los aplaudieron y vitorearon. Todo ha envejecido, hasta los “100 años de honradez y firmeza” .También ha envejecido el electorado joven: ha rechazado la novedad, un rechazo tan estructural como el de sus abuelos, pese al coqueteo con las nuevas formas y publicidades seductoras no ha querido arriesgar por una apuesta de renovación y se ha arrugado como el culo de un político con unos años de legislatura a sus nalgas. ¿Pero no era la tranquilidad y el reposo conservador lo que generalmente reinaba en la vida de las personas de una edad avanzada? Al parecer no, las generaciones posteriores han votado la verdad a medias pero sin conflictos, y la fuerza poética fría, discreta, burguesa y despoetizada. Parecía que los nuevos electores iban a demostrar predilección por lo cómico, lo irreverente, el sainete, pero han votado tragedia y pañuelos envueltos en lágrimas de cincuentón. Han votado por lo gris, lo ajeno a la provocación, al cambio… la predilección del electorado es indeterminada y oscilante, una suerte de mariposa dándose de hostias contra el cristal de una ventana en su estúpido afán de atravesarlo.

La campaña electoral viene a ser un falso drama histórico, donde la verdad es lo que menos importa y el blindar constitucionalmente el Estado del Bienestar importa una higa, y todo está envuelto de ideaslismos exóticos de última hora y otras nebulosidades hechas palabra hueca y voladiza, que deberían repugnar al temperamento cerebralmente vivo y pragmático. Estas formas y estilos de electoralismo de cagaprisas, no enseñan nada útil en el fondo, sólo introducen en nuestro alicaído ánimo un enema de privatización y externalización en los servicios públicos.
Nadie puede indicar a ciencia cierta qué es lo que ha aprendido y en base a ello cuál es su preferencia u opción, de tan aturdidora que es la lavativa partidista y las redes puti-clientelares. Al lado de la falta de entusiasmo de la sociedad que sigue comiéndose los medievales aforamientos, el vicio capital del pueblo soberano, es la frivolidad un rastro que ha dejado tras de  sí el repertorio político que se funda exclusivamente en el llenado de urnas, responsabilidad de quienes meten el sobre.


Habrá acuerdos, puede que sí, habrá proyectos compartidos, no lo niego… pero que propicien una profunda regeneración de la política española del ¡Ay, Carmela! a base de Ay-fon/i-phone, lo dudo. Y que les permitan a los damnificados atisbar una salida digna de la crisis, que dicen que ya es historia, ficticio me lo fiáis. El tiempo perdido nunca se recuperará, le enseñaron al Gaón Rabí Eliyahu, y él así lo enseñó a sus hijos y alumnos; los millones de euros que cuesta la arroba de segundos tampoco, aunque tengan fines electoralistas y que gracias a sus ceros una Diputación controle directamente los contenidos de una cadena de televisión autonómica.