viernes, 22 de julio de 2016

SOMETIDO AL ARBITRIO DE LA MAYORÍA DE ESPAÑOLES...¡ÁRBITRO, CABRÓN!



Cuando el electorado se convierte en un conjunto de gentes y gentuzas que ya no pueden crear ni aportar  nada nuevo salvo su presencia política hecha voto, se adueña del futuro de los demás por medio de la captura, confiscación, destrucción y reorganización de las minorías mayoritarias.
 Aunque para Marx la vergüenza es un sentimiento revolucionario, la vergüenza ajena ante unos resultados electorales sólo revoluciona los intestinos y azuza las diarreas mentales y los vómitos morales.
La campaña electoral ha sido, desde siempre, la ideologización de la mentira, la politización del fraude, la zafia justificación del pillaje que las víctimas del mismo han aplaudido, defendido, justificado y elevado a los tronos. El gobierno debería garantizar el pan, pero al pan duro no hay quien le hinque el diente; el gobierno debería, pero ni garantiza  la dignidad porque ya ha expirado la fecha de consumo preferente.
¿Por qué he consentido que mi voto se mezcle con el voto cómplice? ¡Porque eres tonto hijo mío! En esa urna han muerto emponzoñadas mis fantasías, mis deseos.¡Quién te manda meterte en esos sitios de perdición y ladillas! He puesto demasiadas esperanzas en los demás, esperaba demasiado de los zarandeados por el gobierno europeista. ¡Y los demás te han puesto el cartelito de pardillo !
El electorado, una vez más,  ha decidido estar a merced de unos políticos cuyos conocimientos y buena fe caben de sobra en un dedal de costurero: una patada en toda la cara.
¿Por qué mi voto vale lo mismo que el de este vecino de unidad de destino en lo provincial que disfruta con el apaleamiento ajeno? Yo no soy masoquista, no soy un pueblerino, un provinciano. ¡Pero eres tan tonto como ellos! ¿Por qué mi voto es provinciano y  no aristócrata, esto es,  individual? ¡Por qué no te callas!
Cuando el electorado se convierte en un rebaño de reses que sólo acude al reclamo de la reyerta, que sólo tiene talento extraordinario para la destrucción y la involución,  el voto no vale nada ni nunca valdrá nada, es tan ridículo como amenazar al cielo con el puño cerrado, como darse de latigazos en la espalda. La idea iusnaturalista del contrato social en España es tan efímera como esa nube que se está desdibujando en jirones irreconocibles sobre mi cabeza. 

Tú no sabes lo que te destesto
España de las almas asesina,

España provinciana y cañí,
España medievalista y taurina,
deshonesta.