jueves, 8 de septiembre de 2016

LA DESVESTIDURA DE LA CORDURA ES LA INVESTIDURA DE LA LOCURA

Cuando no hay pacto entre los propietarios de una modesta comunidad de vecinos, no se puede esperar armonía en las altas esferas, ni acuerdos de gobernabilidad, ni adhesión incondicional a las invocaciones para arrimar el hombro con el fin de salir de la crisis.  

Desde las esferas de la transición, se establecieron de manera implícita unas reglas reguladoras de lo admisible en política, entre las cuales la expresión 'regeneración política' era ciencia ficción de serie B. Acerca de las familias en paro y a las puertas de la pobreza, de los jóvenes obligados a emigrar a lo Paco Martínez Soria, la transición nunca contempló transacción alguna al respective.

Y esa regulación de un blanco y negro postfranquista, limitaba las posibilidades de la acción política de forma y manera que los límites del latifundio quedaban reducidos a una fuerza representativa de la derecha y otra de la izquierda, alrededor de las cuales se limitaban a orbitar intereses de partido, líderes de moda y formaciones políticas minoritarias llamadas a palacio sólo cuando uno de los dos colosos no conseguía una mayoría absoluta.

Las convocatorias electorales siguen saliendo al módico precio de 130 millones; más o menos, lo que cuesta construir y equipar un hospital comarcal... Hospitales  por los que suspiran una clase media empobrecida y enferma, así como  una población, aún más desafortunada, empujada a los arrabales de la exclusión sanitaria.

A la tradicional comunidad política de propetarios de la soberanía popular se han sumado nuevos miembros con las bocas llenas de conciliación familiar, inversión de las privatizaciones en sectores estratégicos para la sociedad, blindaje del estado de bienestar, que se han quedado en bla-bla-bla y con el culo aireando pelos infectados... Pero los estatutos de la comunidad aún no han sido modificados, y las reyertas por el uso y disfrute de las zonas comunes por parte del nuevo vecindario, las degradación de valores en que estamos sumergidos, el fregado de la escalera de las sucias manchas de corrupción y fraude fiscal, el pago equitativo de los seguros por sacrificios sobrevenidos y deceso de las rentas, salpican de tinta, consignas, argumentarios, falta de convicción y de náusea por la empecinada irreconciliación, el nuevo mapa político; salpicaduras que han sabido coger al vuelo y sacarle rédito los cartógrafos acreditados con un carné de prensa.

Mientras tanto, tan sólo podemos esquivar las deyecciones de las gaviotas, que siguen arcaizando la modernidad, anatemizando el 'interés común' de comunista sanguinario, travistiendo la solidaridad en caridad, distribuyendo las cargas entre los ciudadanos y los dividendos entre los idolatrados empresarios que 'dan empleo'. Las deyecciones, en su fluir fecal, dejan un hueco por manchar, que es lo que se ha acordado por llamar, esperanza en el futuro.

La ley de propiedad política horizontal sigue siendo una quimera...la sombra de la ley de propiedad política vertical, sigue siendo alargada, como la de la cruz del valle de los fascismos.
 ''Frente a este muro, labrado en piedra,
lloraba mi triste culo, lágrimas de mierda'' -Anónimo, obra apócrifa inmortalizada en un retrete.