lunes, 1 de octubre de 2012

¿DEMOCRACIA o a CRACIA do DEMO?


Aristófanes era un comediante que no tenía gracia ninguna... una cosa es vivir del chiste y otra ser chistoso. ¡Y que viva José Luis López Vázquez! Este beatona y conservador de Aristófanes, dejó escritas unas palabras que he pescado a anzuelo:
"No tienes más que ver a los políticos en las ciudades: cuando son pobres son
honrados con la gente y con el Estado, pero en cuanto se hacen ricos a expensas del erario
público, en seguida se vuelven unos sinvergüenzas que conspiran contra el pueblo y
luchan contra la democracia"

Hacerse rico a expensas del erario público, sinvergonzonería, fraude, corrupción...¡Ah! estas notas musicales suenan tanto en mi cabeza como esas coplillas de triunfitos y gorgoritos músico-televisivos que tanto dinero dan al sector de los analgésicos... y se me saltan las lágrimas de la otitis. Los nombres de esos hacedores de riquezas cambian pero bajo esos nombres cuelgan las mismas vergüenzas.
Esas acciones censurables de los políticos que son amenaza y conspiración contra la democracia ¿vienen del espacio exterior a ésta (la democracia) o, por otro lado son una consecuencia de ésta... una infección del más acá, más que una gonorrea del prostibular más allá ?
Los filósofos, 'inocencicos' ellos, confiaban en que la democracia, el gobierno del pueblo, la soberanía popular (que tan bonito suena oiga, aunque ya hiedan las versiones orquestales por muchas y por chabacanas), fuera la perfección social: la democracia sería algo tomado al asalto sin resistencia ni escabechina por la sociedad civil, quien edificaría ladrillo a ladrillo (con perdón) desde abajo hacia arriba un Estado cuya forma de gobierno fuera en la cúspide tan democrático como en la base. Bockelmann, 'animalico' él, lo veía de una manera más simple y más esclarecedora: una sociedad donde el otro no es mejor ni peor, sino distinto... ¡Qué bonito!
Es la hora de las matemáticas:
La democracia, tan helena como la geometría euclídea, adolece de sus mismos errores. Si hay algo que caracteriza a la geometría euclídea es que es una idealización nacida de la mente humana, una solución particular de algo más abstracto y menos humano aún. El hombre occidental beatón y conservador como Aristófanes, ha cerrado filas en estas antiguas ideas sin cuestionarlas durante siglos hasta el extremo de hacer ver de forma forzada a la naturaleza como un universo euclídeo, cuando relamente no se ven líneas rectas por ninguna parte, ni paralelas, ni planos, ni esferas... ni absolutos, en definitiva.
- Si esta pieza del puzzle no encaja, la golpeamos y la recortamos hasta que entre en el hueco, ¡cojones!
La democracia viene a ser una versión filosófico-política de esa geometría de cuento de hadas que le salió por ahí a Euclides.
Los políticos sabedores de este espejismo, de esta idea que por muy extendida no deja de ser endeble y hasta ficticia pero que les sirve de blando colchón para sus golferías y tradicionalismos, se encargaron de propagarla aún más a la mayoría, al populacho, a la plebe, a la masa, el pueblo soberano (y viva el brandy), para atraer participación ciudadana, votos, en defintiva poder... poder oligárquico.
-¿Para qué vamos a quitarles la ilusión si son tan felices así, las criaturitas?
Según Diderot, el hombre de espíritu ve lejos en la inmensidad de los posibles, el idiota no ve nada posible más que lo que es. Al hombre de espíritu se le llama en el mejor de los casos posibilista, partidario de la posibilidad del poder democrático, también se le califica por esta actitud de temerario; en el peor y ya puestos a echar pestes por la boca para dejarle fuera de juego de forma antirreglamentaria, se le cuelgan los sacos 'benditos' de antisistema, radical, marginal, antisocial y hasta terrorista. El idiota, a diferencia del hombre de espíritu, es más pusilánime, más político, dispuesto a medrar hozando en el lodazal que ha preparado la participación ciudadana para mayor gloria de la partitocracia. Los partidos políticos optaron por ser realistas, por no ver como posible nada más que lo que es, como los idiotas, por ser partidarios de la realidad del poder oligárquico que obliga a andar con la cabeza agachada y a no ver la que se viene encima (llámese crisis del ladrillo, hipotecaria, o como gustare al lector).
Las grandes decisiones en nuestra democracia cañí-parlamentaria, las toman los representantes de los ciudadanos... siempre se ha dicho esto. Pero ahora se oyen cada vez con más frecuencia y desde
más sitios, que esas decisiones necesitan del previo consentimiento de quienes de verdad detentan el poder: los que tienen el dinero, los títulos valores, las mayorías en los consejos de administración de los grandes monstruos empresariales a cuya sombra vivimos. Y la realidad del día a día que se nos cuenta, no por un puñado de medios oficialistas, sino por una pléyade de pequeños medios alternativos a la propaganda, es que con ese dinerón es con el que consienten que alguien permanezca en el poder político, con el que asienten cuando la cabeza del representante de la soberanía popular se vuelve para pedirles aprobación, y con el que mienten por medio de su séquito de voceros.
Esa propaganda es la que sale de las bocas de nuestros dirigentes políticos a la cabeza y de los medios de comunicación en el pelotón, en forma de varias coplas tituladas 'transición', 'pueblo español', 'fiesta de la democracia' y sobre todo 'consenso', mucho 'consenso' para dar y tomar, para repetir hasta niveles pantagruélicos. ¿Qué es ese consenso del que tanto hablan? ¿Es bueno, milagroso, políticamente balsámico? La Constitución, se nos dice que fue establecida por consenso. El consenso es la coyunda de los puntos de vista de unas pocas personas, que , hete ahí, se erigen en una especie de illuminati legitimados por a saber qué entidad ectoplasmática de maravillosos poderes, para establecer las reglas de la libertad, políticidad y fraternidad . Unos pocos dictan para otros muchos sin preguntarles a éstos. Este puñado de 'elegidos' le ponen el disfraz de democracia con su camisita y su canesú a una oligarquía de petit comitè, para ocultar la fealdad e inmoralidad de ese pacto. Y por fin, ¡tachán!, aparece tras rasgar el envoltorio plateado, banda de música, curata, picoleto, alcalde, fuerzas vivas y tijeretazo a la cinta inaugural, el régimen de partidos. Aunque no responda a las reglas de la democracia formal ni a los ideales de aquella democracia de los filósofos, el producto ya ha sido presentado al público como algo inevitable, como lo mejor que nos podía haber pasado, con música de fanfarrias y fuegos de artificio, y bien maquillado y engominado para asombro de los boquiabiertos.
¿Cuál es pues la fórmula mágica para mantener este sistema alternativo a la dictadura sin levantar sospechas entre un populacho desinformado pero no completamente tonto, por haber sido escaldado recientemente? El aprendiz de brujo ha tirado del libro de magia y ha usado el conjuro del sistema proporcional de listas, acorazado por una ley electoral: el futuro de la partitocracia queda asegurado sin ofender a los súbditos y haciéndoles ser, a su vez, colaboradores necesarios. Aprobar la ley electoral es poner la primera piedra de la oligarquía de partidos, una suerte de muro que cierra el camino a la democracia y que hace vivir a los gobernados y al pueblo soberano (de brandy, fútbol y farias), bajo una oligarquía de partidos o partitocracia, que tanto monta. Se les hace ver que más allá de ese muro está el peligro, la nada, el caos, la anarquía y la dictadura, y que más acá está el paraiso democrático 'con sus virtudes y sus defectos' como siempre se agrega para darle una nota de autenticidad.
El papel que acogía a la palabra democracia ya está reseco y amarillento, y hasta algunas manchas de moho le han salido... cuando la hoja era inmaculada, la democracia garantizaba un gobierno acorde con los deseos e ideas de la mayoría. Pero esa garantía ha pasado a mejor vida casi después de su parto. Y la mayoría ha sido víctima de una estafa (eufemísticamente 'error') por la cual se ve obligada a concurrir a elecciones de forma sistemática, las cuales -experiencia manda- se han demostrado estériles para alcanzar esos deseos e ideas que figuraban en la letra grande del contrato de garantía ya caducado. Esterilidad que ha conducido al callejón sin salida de la dictadura de los intermediarios político-financieros. Si era previsible o no el desenlace de esta tragedia, o si era un deseo materializado de forma premeditada desde el principio, eso ya constituiría el planteamiento de otra narración. Pero lo que sí es observable y comprobable es que en vez de una democracia real, estamos inmersos en un régimen partitocrático u oligarquía partidista.
El precio que estamos pagando por mantener en la lista de ventas este cuento de hadas desesperanzadoras y hados corruptos, que sin la Europa de los Bloques ya ha dejado de ser útil, de ser leído y de estar de moda, es demasiado alto: en este año 2012 ese precio ya se ha traducido a números y a lágrimas.

"Nadie conoce toda la amargura de lo que aguarda en el futuro. Y si de pronto apareciera
como en un sueño, la negaríamos apartando los ojos de ella. A esto le llamamos
esperanza." - Elías Canetti