domingo, 18 de mayo de 2014

CINCO: LOS GUARDIANES DEBERÍAN SER SÓLO PERIÓDICOS INGLESES

En esta sociedad manicomial, los guardianes deberían ser los internos del manicomio y los internos deberían ser indultados y liberados de las pesadas cadenas que les sujetan a las viejas fórmulas de constitución económica del hormiguero.Sí, sí, he dicho económica, porque la constitución política no deja de ser una ramilla de la troncal, la economicista. Dentro de estas reglas del juego el hombre no es hombre, es un recurso humano. No debería ser así pero a fecha de hoy no son así estos "no deberían ser". El turno de oficio nos defiende de la abogacía del estado. ¡Estamos perdidos y sin calzoncillos nuevos!

Lo que tiene el plácet de ser es la irracionalidad. ¿Qué es entonces esa irracionalidad? La respuesta está ahí afuera y se cuela hasta aquí adentro: la tradición mitológica y la supersitición, las convenciones y la inercia. Y la irracionalidad viste de uniforme sus séptuples cabezas de hidra.

Los guardianes del social-siquiátrico son seres alemanes, musculosos y barnizados, sombras incansables de los internos, una suerte de robots de una dulzura aprendida en cuadriculados manuales de buenas manera y férreas costumbres, al más fiel estilo del Obrigkeitsstaat prusiano. Son los siervos del gran hermano de Orwell, son los representantes de la soberanía popular. Sí, esa soberanía en la que los cañetes, cospedales, rajoyes, florianos, laras, rubalcabas y valencianos beben Chivas subvencionado; y los representados, fulanitos y menganitos de toda la geografía peninsular, beben coñá Soberano a precio de mercado.

Los guardianes del frenopático '78' son unos madres-que-lo-parió asexuados provistos de pectorales aceitosos en vez de tetas tibias generadoras de la leche más dulce...Tetas...leche...El guardián nos ceba con su papilla subordinada a las instrucciones del control de sanidad que ni alimenta ni entretiene ni ná. El interno debe estar bien drogado, bien alimentado, por eso de que el mundo es peor si no se tiene un plato de puré con droga legal en el vientre, sería un valle de lágrimas sin el sopor digestivo multiplicado por un ansiolítico de la farmacopea estatal.

¿Quiénes son los guardianes y quiénes los internos? ¿Quién los distinguiría en una rueda de reconcimiento sin apuntadores? ¡Yo, yo los distingo!. Son esos que en campaña electoral están todo el día enseñando los dientes.