domingo, 18 de mayo de 2014

SIETE: SÓLO SERVIMOS PARA DARLE GUSTO AL PRURITO PUBLICITARIO

Para el hormiguero humano, cuyo éxito radica sólo en el número,  lo natural es la avidez por los deseos materiales, el narcótico deseo presente por un futuro placer efímero y por una gloria quimérica. La vaina mirmecológica,  es la de enredar a los individuos en este bucle, donde el objetivo es satisfacer un prurito publicitario, una zanahoria atada a un palo,  satisfacción que genera otra necesidad anticipada por los mercadotécnicos, y que debe ser satisfecha de nuevo, la hierba de la reina que tanto excita al asno. «Como el que, divertido, el mar navega/ y, sin moverse, vuela con el viento/ y antes que piense en acercarse, llega», ni piripintados le vienen estos versos de Quevedo, que dejan con el culo al aire al políticamente más correcto.
Lo sano es el deseo por encima de la satisfacción y la realización. Lo insano es declararse apátrida de ese mundo de los deseos, de esa patria que es la ilusión de la felicidad; por la contra, los certificadamente  sanos son todos aquellos que buscan un público que les eleve al poder a golpe de aplauso o sufragio. El médico que emite dictámen de salud/docilidad/buena-hormiga, es un mando intermedio del hormiguero. Aquel corazón indomable que está de parte del solitario y censurado iconoclasta, la oveja negra del rebaño, siempre es condenado al infarto inducido. Aquel cerebro que opta por la verdad y la cordura del más allá del bien y del mal, es internado en el psiquiátrico cuyo alcaide es la mentira. Y el mando intermedio sigue navegando por ese mar inmenso de caprichos administrativos, en un bajel sin brújula, pero dando registros de salida a babor y a estribor sin importarle el horizonte ni lo endiabladas que sean las aguas.

 " ...la  nación  no  existe,  vista  la  nulidad  de  su  espíritu  para  alumbrar  a  todos  sobre  el  auténtico  interés
común ..." - Manuel Azaña